Después de lo que llevábamos sufrido esta semana dio gusto ver al Celta en Zagreb. Así se va por Europa, con esa disposición. Juego serio, agrupados sin fisuras atrás, desplegándose con ambición y deseo de riesgo. El Celta no salía sólo para tener el balón entretenido lejos de su área, sino para hacer daño, y con ese propósito le daba el balón a Iago Aspas, que vive una madurez espléndida. Ya no es aquel punta incisivo, sino que se echa atrás, maneja los hilos y mejora cada jugada cuando pasa por sus pies. Está en la línea de ilustres veteranos, entre los que podría citar al Roger Milla de Camerún en Italia 1990 o al mismísimo Messi de Qatar 2022.
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