El presidente de Colombia, Gustavo Petro, está determinado en mostrarle a Donald Trump que no es un narco. La idea de que sea un líder criminal puede parecer descabellada, pero Washington insiste en describirlo como tal y en sancionarlo: a finales de octubre, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC, por sus siglas en inglés) lo incluyó en una lista de personas vinculadas con actividades ilegales, lo cuál derivó en que se paralizaran sus cuentas bancarias y que incluso le negaran combustible a su avión en Cabo Verde. Petro, entonces, ha optado por ordenar que se expongan públicamente sus gastos. No importa qué tan personales sean: incluyen desde pagos exorbitantes en marcas de lujo como Gucci hasta una visita a un club de strip-tease en Lisboa.
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