Eran dos cuerpos machacados. El uno, de 22 años y en la flor de su vida deportiva, admitía: “Mañana me levantaré tieso…”. Y el otro, 16 años mayor, de 38, recordaba: “Biológicamente, creo que para él será un poco más fácil recuperarse…”. Carlos Alcaraz y Novak Djokovic se retiraban el viernes a sus respectivos hoteles sin un solo segundo que perder, porque, al fin y al cabo, lo que vislumbran por delante es demasiado goloso como para no dar un último empujón. ¿Cansancio? ¿Qué es el cansancio a estas alturas y con dos bocados históricos tan apetitosos por delante? Vibran con fuerza las calles de Melbourne.
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FRESCOR, VIENTO Y SERVICIO
Tras varios días de intenso calor, la temperatura comenzó a bajar el jueves en Melbourne y este domingo las condiciones serán más bien frescas. El pronóstico anticipa entre 16 y 20 grados durante el transcurso de la final, con una probabilidad baja (7%) de lluvia. Cielo nuboso y viento considerable.
Alcaraz está a un paso de levantar su séptimo grande, con el que igualaría a históricos como John Newcombe, John McEnroe o Mats Wilander. Si lo hace, se uniría a Rafael Nadal (2009 y 2022) como los únicos españoles que han triunfado en el torneo.
Para ello, uno de los baremos fundamentales será el saque. El del español ha descrito una línea claramente ascendente, mientras su rival también ha registrado porcentajes destacados. Las métricas de la Federación Internacional de Tenis (ITF) reflejan la igualdad.
Djokovic ha firmado dos aces (44-42) y una doble falta más (14-13). Ambos han salvaguardado en gran medida el servicio —87% del serbio, por un 91% del español—, aunque el índice de Nole con los segundos es inferior (61%-51%), si bien lo compensa apagando fuegos en las bolas de break (76%-68%).
Cabe recordar que el balcánico ha disputado diez finales en un Australia y las ganó todas. Alcaraz, por su parte, ha jugado ocho y únicamente perdió en la última de Wimbledon, ante Sinner. En los cruces particulares, el primero manda: 5-4. En dura, 3-1 también a su favor.




