El cruel asesinato de un perro llamado Orelha ha generado una gran ola de indignación en Brasil y el fin de semana llevó a miles de ciudadanos a manifestarse en varias ciudades al grito de “Justiça por Orelha” (oreja, en portugués). El can, un mil leches de pelo negro y castaño, vivía hace una década en una playa de Florianópolis, al cuidado del vecindario. Una fórmula extendida en Brasil. Tres adolescentes son investigados por propinar la mortal paliza al animal a principios de mes; y los padres de dos de ellos y un tío han sido formalmente acusados de coaccionar a un testigo. El caso ha tocado una fibra, movilizado políticos y artistas, e impulsado demandas variadas: los animalistas exigen leyes más duras contra el maltratato animal y cunde el temor a la impunidad porque las familias de los sospechosos son influyentes en la ciudad. Mientras, los partidarios de reducir la edad penal a los 16 años han aprovechado para colocar su demanda en las protestas por Orelha.
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