No volveré a referirme al ministro de Salud y sus muertos (ya van tres escritos sobre el asunto, solo queda soñar que ojalá algún día la justicia lo lleve a pagar por su negligencia como máximo rector del sector y falso garante de la salud de los colombianos) pero sí tomaré como punto de partida el episodio del fallecimiento de Kevin, el niño hemofílico, para hablar sobre la desgracia que nos está tocando vivir no solo en Colombia, sino en el mundo entero. ¡Qué momento infortunado el que nos tocó! ¡Qué triste condena la que nos espera en un mundo donde no existe la vergüenza, sino relatos falaces para ocultar la penosa realidad!
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