“Vamos a tener nuestra propia Registraduría”, anunció este miércoles el congresista Alirio Uribe, del oficialista Pacto Histórico. La frase resume la tensión que rodea las elecciones legislativas del próximo domingo en Colombia: no tanto por la competencia entre partidos o candidatos, sino por las señales cada vez más insistentes desde el Gobierno de izquierdas de Gustavo Petro y su partido sobre un posible fraude electoral. El clima de sospecha, alimentado durante meses por el propio presidente, escaló este miércoles con un mensaje que apunta al corazón del sistema: un grupo de congresistas explicó que la colectividad implementará un mecanismo propio que, a partir de una red de decenas de miles de testigos, conformará un centro de acopio de información para realizar su propio conteo de votos y contrastar sus resultados con los que divulgue la autoridad electoral.
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