A medida que avanza la primavera, ese encantamiento invocado por Arbeloa, el Real Madrid se parece menos al de sus primaveras felices. Cuando se esperaba el último empujón para apretar al Barcelona hasta el final por la Liga, se desinfló en Mallorca y siguió perdiendo gas, igualmente desorientado y más fallón, contra el Girona, que se llevó un empate del Bernabéu que deja al Barça la posibilidad de ponerse este sábado nueve puntos por delante si gana al Espanyol, con solo siete jornadas por delante. La caída de tensión les aleja del título y les acerca un poco más al precipicio de otro curso en blanco. O remontar al Bayern en Múnich el miércoles en la vuelta de cuartos de Champions, o nada. Pero mientras avanzan a ese abismo, ni se conectan contra el Mallorca, ni contra el Girona, ni con su grada, que volvió a despedirles enfadada, rumbo a esa misión improbable en Alemania.
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