“Es muy bonito tener lobos y que los alimenten los demás”, se queja Fernando Moreno, ganadero de 46 años, al resumir el sentir de sus colegas de la Sierra Norte de Guadalajara, y de él mismo, cada vez que sus vacas y ovejas sufren un ataque de este animal. Un problema, asegura, agravado en los últimos 15 años. Moreno, como sus compañeros, se opone al requerimiento que Ecologistas en Acción y el Fondo para la Protección del Lobo Ibérico ha enviado al Gobierno de Castilla-La Mancha para que, en un plazo máximo de tres meses, se comprometa a poner en marcha un plan de recuperación de esta especie en todo el territorio autonómico, más allá de las zonas de Guadalajara en las que ya está presente. Es a lo que obligan, aseguran ambas organizaciones, las leyes estatales y autonómicas sobre especies en peligro de extinción, y el lobo está catalogado así en Castilla-La Mancha desde 1998.
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