Han pasado 17 días desde que Luis Eduardo Torres Ojito, de 10 años, desapareció de una casa de acogida estatal en Ecuador. La última imagen que se tiene de él la registró una cámara de seguridad: aparece caminando en silencio junto a otros siete niños que, al amanecer, abandonan por la puerta principal la Casa Hogar María Campi de Yoder, en Quito. Con el paso de los días, los otros siete fueron localizados en distintos puntos del país, incluso a cientos de kilómetros de la capital. Solo falta uno. Luis Eduardo —venezolano, de cabello castaño, ojos cafés y una sonrisa amplia— sigue desaparecido.
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