El terremoto del 10 de agosto mostró verdades y sirvió para tapar decisiones controversiales. En los días que siguieron al remezón se vio lo que es en buena parte este país, con sus más y sus menos. La tragedia mostró la capacidad solidaria y humana que tenemos a pesar de tantas diferencias y también problemas que arrastramos desde siempre como la inequidad, la existencia de regiones históricamente abandonadas por el Estado, discriminadas y despreciadas, y las falencias en los planes de atención de emergencias. El terremoto, por otro lado, también le sirvió al recién posesionado Gobierno para avanzar en una agenda que genera dudas en amplios sectores, sin que haya el tiempo necesario para debatir medidas que impactan la democracia.
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