Nadie sabe dónde está Alexandra Lozano. La autoproclamada “Abogada de los milagros” enfrenta dos demandas colectivas que la acusan de haberse enriquecido a costa del dolor de decenas de migrantes que le pagaron miles de dólares confiando que los sacaría de las sombras, pero algunos incluso fueron deportados a México. Mientras ella guarda silencio, el Gobierno federal ya la tiene bajo la lupa: agentes de una unidad especializada que combate el fraude migratorio han comenzado a entrevistar a denunciantes como parte de una investigación que podría desembocar en cargos penales.
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