El 26 de septiembre del año 2016 se firmó el acuerdo de paz con las FARC en Cartagena. Había un ambiente de esperanza matizado por las críticas de los opositores a lo pactado. En medio de la ceremonia, un avión voló bajo cuando Timochenko hablaba, y su reacción y la de los presentes ante el sonido que parecía un estallido reflejó los temores que aún existían. Por un segundo, quienes estábamos cerca temimos que un atentado acabara con todo. No fue así, pero la verdadera bomba llegó el 2 de octubre cuando en el plebiscito, por una pequeña diferencia, una mayoría le dijo no al acuerdo. Diez años después, aún vivimos las consecuencias de un acuerdo que ha salvado vidas, muchas vidas, pero que no sanó las heridas en un país atravesado por una violencia que va más allá de los fusiles. Hoy se dice que el debate en torno a la JEP es por presupuesto. En realidad, es una guerra política que creció por los pecados originales de ese acuerdo.
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