La intercepción del buque FMS EAGLE en aguas internacionales ha puesto bajo el foco a los cuatro colombianos capturados entre los 10 tripulantes detenidos, en lo que el gobierno de El Salvador presenta como el decomiso de cocaína más grande de su historia.
La embarcación, registrada bajo bandera de Tanzania, transportaba 6,6 toneladas de cocaína ocultas en tanques de lastre, con un valor estimado de USD 165 millones, según detalló el presidente Nayib Bukele.
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Los colombianos compartían la tripulación con 3 nicaragüenses, 2 panameños y un ecuatoriano, en una operación realizada a más de 700 kilómetros de la costa salvadoreña. Para confirmar el hallazgo, la Marina Nacional desplegó buzos especializados, quienes inspeccionaron el interior del barco y aseguraron la evidencia.
Las autoridades salvadoreñas destacan que, en lo que va de 2026, ya han incautado más de USD 70 millones en drogas en la región costera.
El año anterior, los decomisos superaron las 25 toneladas de narcóticos, consolidando a El Salvador como un punto clave en la lucha regional contra el tráfico de cocaína. La presencia de ciudadanos colombianos en la tripulación refuerza la conexión con los grandes circuitos internacionales de narcotráfico.
El presidente Bukele cerró el mensaje con el que informó de la incautación con una breve alusión a la incorporación de un nuevo buque en la flota estatal, limitándose a expresar: “Por cierto, gracias por el nuevo barco”. La referencia, aunque escueta, dejó entrever la relevancia de la reciente adquisición en el contexto de los operativos marítimos recientes.
Por su parte, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia tiene en la página datos abiertos las cifras más recientes que ilustran la dimensión del fenómeno migratorio y criminal de los colombianos en el país centroamericano.
Según la base de datos, actualmente, 519 ciudadanos colombianos se encuentran privados de libertad en El Salvador. De ese total, 231 cumplen condena por narcotráfico, mientras que otros 45 enfrentan sentencias por crimen organizado y una cifra idéntica está involucrada en procesos por lavado de activos. Las autoridades también reportan 91 casos por hurto, quedando el resto en categorías aún no especificadas oficialmente.

Pese a estos números, solo se reportan 230 personas condenadas, es decir que los demás colombianos siguen encarcelados esperando resolución de sus casos.
En cuanto a la operación, ha dejado en evidencia una de las tácticas habituales de los carteles internacionales: la utilización de banderas de conveniencia para encubrir la verdadera nacionalidad de las tripulaciones y dificultar el rastreo de los responsables.
Aunque el buque interceptado navegaba bajo bandera de Tanzania, ninguna persona de origen africano formaba parte de la tripulación. Esta maniobra revela cómo las organizaciones criminales inscriben sus embarcaciones en países lejanos, aprovechando lagunas administrativas y legales para desplazar su actividad ilícita con mayor discreción.
Hasta la fecha, las investigaciones no han permitido determinar ni el punto de partida ni el destino final de la nave interceptada. La falta de claridad en la ruta refuerza la complejidad de las redes dedicadas al tráfico internacional de drogas y la necesidad de cooperación transfronteriza para combatirlas.

Las incautaciones del año anterior se estiman en un valor para el mercado de más de USD 618 millones. Estas cifras reflejan tanto la magnitud de las operaciones criminales en la región como el alcance de las respuestas estatales.
El uso de embarcaciones matriculadas en terceros países y la diversidad de nacionalidades entre los detenidos muestran la dimensión internacional del fenómeno. La lucha contra el tráfico ilícito de drogas por este corredor recientemente se ha fortalecido con el apoyo anunciado por la presidenta electa de Costa Rica Laura Fernández.




