Nika y María eran dos de esas iraníes que solo querían “democracia, libertad, una vida normal”. “En una palabra: dignidad”, explica a EL PAÍS su amiga Mediss Tavakoli, exiliada en España. Nika, de 35 años, regentaba una clínica estética; María, de 30, trabajaba en una empresa de exportación. Ambas desafiaban cada día al régimen islámico caminando por la calle sin el velo obligatorio. Se lo habían quitado tras la muerte, a manos de la policía, de la joven Yina Mahsa Amini en 2022, el crimen que desató el anterior movimiento de protestas en Irán, bautizado con un bello lema kurdo: “Mujer, vida, libertad”. La semana pasada, agentes del régimen las mataron a las dos a tiros.
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