La obesidad infantil se ha convertido en una amenaza global de primer orden, que castiga la salud de la infancia a todos los niveles: es puerta de entrada a una retahíla de enfermedades cardiovasculares y metabólicas que llegan hasta la edad adulta, pero también funciona como un martillo emocional que destroza la salud mental en edades especialmente vulnerables. Se ve en la consulta, cuenta Eduard Mogas, jefe de la Unidad de Tratamiento de la Obesidad Infantil en el Hospital Vall d’Hebron: “Son niños que vienen muy quemados, con un sentimiento de culpa que, si no lo abordas bien, les puede acabar generando un rechazo al sistema”.
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