Ismael Rodríguez, un niño de 11 años, es la última víctima de la violencia contra los guardianes de las prisiones de Colombia. Fue asesinado el miércoles en la vía Neiva-Rivera, en el suroccidente del país. Unos hombres dispararon desde una motocicleta contra el vehículo en el que viajaba con su papá, recién nombrado director de la cárcel de la ciudad de Neiva, y dos compañeros de trabajo. Los adultos se dirigían al centro penitenciario, pero antes iban a dejar a Rodríguez en la escuela: era el primer día de clases tras las vacaciones navideñas. El niño recibió un impacto de bala en la cabeza. Su muerte ha conmocionado al departamento del Huila y ha producido una ola de reclamos para que las autoridades tomen medidas contra la violencia que sufren los funcionarios penitenciarios.
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