Cada 10 metros, José Luis Castarcelas (Lleida, 61 años) debe parar para atender a alguien. Alguna duda, alguna felicitación, alguna petición o, simplemente, una puesta al día rápida, ya sea en la zona de aguas, en la sala de fitness, en el vestuario masculino, en la puerta de alguna sala de actividades dirigidas, en la ludoteca o en la cafetería. Castarcelas es el director de Viding Ekke, un gimnasio en Lleida que cuenta con más de 8.000 socios —la cuota es de unos 55 euros al mes— en una ciudad de 147.000 habitantes. Lleva 18 años en funcionamiento, primero como un espacio municipal destinado al deporte; desde hace unos años, como una suerte de ágora de gestión privada en la que se cuida la imagen, la salud y el bienestar. Pero también se come, se tienen reuniones de trabajo, se deja un rato a los niños en la ludoteca, se hacen contactos, amistades e incluso se encuentra el amor. Lo que antes se hacía en varios espacios y en varias jornadas ahora se lleva a cabo en medio día bajo el techo de grandes centros como este, que tiene 8.000 metros cuadrados. El gimnasio es el nuevo bar. Y también la nueva oficina. Y la nueva guardería. Y el nuevo restaurante. Datos del pasado mes de septiembre cifran en 4.800 el número de gimnasios en España. Mientras, según el INE, en los últimos 15 años han cerrado más de 40.000 bares, un 20% del total.
Seguir leyendo




