Hace 10 años la música independiente en América Latina atravesaba por un valle algo difícil, con un ecosistema digital donde los blogs musicales y las descargas libres estaban terminando de extinguirse con la llegada de los primeros servicios de streaming de paga. A la par, el periodismo cultural imperante al estilo Vice resultaba insuficiente para comprender de forma crítica y atenta qué sucedía en los paralelos de las grandes listas.
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