“No entiendo nada. La semana pasada todo era normal en Moscú, y de pronto no hay gasolina y hay que hacer hora y media de cola”. Así se expresaba una de las personas que asistió a un encuentro empresarial celebrado el pasado jueves en Moscú. En el último año, el Kremlin ha perdido la aprobación que ganó entre los rusos al emprender su invasión de Ucrania en 2022, que disparó la adhesión al presidente tanto por unir a ella el futuro del país como por el orgullo que desató al desafiar a Occidente, tres décadas después del final de la Guerra Fría.
Seguir leyendo



