Carlos Sánchez, psiquiatra: “Las redes sociales son un espejo de nosotros mismos, lo que pasa es que es un espejo distorsionado”

Las redes sociales distorsionan nuestra imagen. REUTERS/Asanka Brendon Ratnayake

La llegada de las redes sociales ha cambiado la forma en que las personas se ven a sí mismas y a quienes las rodean. El psiquiatra Carlos Sánchez lo resume con una imagen muy sencilla: “las redes sociales son un espejo de nosotros mismos, lo que pasa es que es un espejo distorsionado”. Es decir, no muestran exactamente quiénes somos, sino una versión alterada.

Al igual que en los espejos de las ferias, donde nuestra figura se ve extraña o exagerada, Instagram no devuelve una imagen fiel. En la plataforma, se comparten momentos elegidos, muchas veces editados o filtrados para parecer mejores de lo que realmente fueron. Esto hace que la mayoría de los usuarios acabe mirando una realidad diferente, más atractiva, pero también menos verdadera.

La presión de encajar o de destacar se vuelve parte del juego. Cada publicación recibe reacciones, comentarios y “me gusta”, y eso va moldeando lo que mostramos la próxima vez. Así, poco a poco, la imagen que compartimos deja de parecerse a lo cotidiano y se acerca más a lo que creemos que los demás esperan ver. La autenticidad se diluye y surgen las comparaciones con otros perfiles, lo que puede afectar la confianza y la autoestima.

Cómo las redes sociales mezclan realidad y ficción

“Cuando éramos pequeños y nos metíamos en las ferias, en esto, en este pasadizo de los espejos que nos distorsionaban, ¿no?, y nos perdíamos”, recuerda. Navegar por Instagram puede sentirse igual: uno entra y empieza a ver imágenes de todo tipo, sin saber bien cuáles son espontáneas y cuáles están planeadas o retocadas.

La salud mental en el uso de las redes sociales.(Imagen Ilustrativa Infobae)

En la aplicación, lo real se mezcla con lo que está preparado para llamar la atención. Es fácil mirar una foto y pensar que todo lo que se ve es perfecto, aunque detrás haya mucho trabajo. Esta confusión no solo afecta a quienes ven las fotos, sino también a quienes las publican. Existe una sensación constante de tener que mostrar algo especial, aunque la vida diaria sea diferente. Eso puede llevar a sentir que la propia vida no es suficiente o que hay que esforzarse mucho para estar a la altura de lo que otros comparten.

Por qué cuesta tanto dejar Instagram

Estar rodeados de imágenes atractivas hace que algunas personas prefieran pasar más tiempo en Instagram que fuera de la pantalla. Según Sánchez, “nos hacen sentirnos en ese laberinto sin salida, en que una vez que entras, a muchas personas no les impide salir”. Es decir, una vez dentro, se vuelve complicado desconectar.

Llega un momento en que el entorno digital se convierte en el lugar donde se busca comodidad y seguridad. “Incluso necesitan vivir ya dentro de ese laberinto porque fuera de él ya no se encuentran cómodas ni seguras”, añade el especialista. Esto sucede cuando la vida en la red termina siendo más familiar que la vida fuera de ella.

Este cambio, a nivel psicológico, afecta la manera en que las personas se relacionan. En vez de buscar conversaciones cara a cara, muchas prefieren comunicarse a través de publicaciones o mensajes. Se genera una dependencia de ese espacio digital para sentirse bien, lo que puede dificultar el regreso a las relaciones más directas y sencillas, según explica el psiquiatra.

La influencia de las redes sociales no solo pasa por lo que se ve, sino también por cómo uno se siente respecto a sí mismo y a los demás. La necesidad de aprobación, la comparación constante y la dificultad para desconectar forman un círculo del que no es fácil salir, y que afecta a millones de usuarios todos los días.

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