Chipre: el argentino que trabaja por la paz con británicos y eslovacos en un país dividido

El teniente coronel Carlos Leonardo Aguirre dialogó con DEF en el cuartel general de Naciones Unidas. Desde Nicosia, él está detrás de las operaciones para sostener el equilibrio en Chipre, donde si bien no hay guerra, tampoco existe la paz (Foto: Marcelo Gasparini-EMCO)

Nicosia, Chipre; de nuestros enviados especiales

En un país dividido desde hace décadas, donde, si bien no hay guerra, la paz no es absoluta, un militar argentino trabaja codo a codo con británicos y eslovacos para traducir el mandato de las Naciones Unidas en acciones sobre el terreno: planificación, negociación y liderazgo intercultural se combinan en una misión en la que el objetivo no es entrar en el conflicto, sino evitarlo.

DEF se trasladó a Chipre y dialogó en directo con el teniente coronel Carlos Leonardo Aguirre, jefe de Operaciones del Cuartel General de la United Nations Protected Area (UNPA). “La ausencia de la misión aumentaría la fragilidad de la paz y la probabilidad de crisis”, sostiene el oficial desde Nicosia. A propósito: su puesto es uno de los más relevantes en la UNPA. Su figura es un eje central en la planificación estratégica, la ejecución táctica y la interacción política en el terreno. De cierta manera, él traduce el mandato de las Naciones Unidas en acciones concretas y efectivas. “Asegura que todas las unidades trabajen de manera coherente”, resume Aguirre, no sin antes detallar que tanto el Consejo de Seguridad de la ONU como el Force Commander brindan directivas estratégicas para trabajar en un “entorno que parece estable, pero no lo es”.

Un dato: Chipre es foco de una disputa congelada en el tiempo. Desde 1974, un conflicto entre las comunidades turco y grecochipriotas derivó en el establecimiento de un área desmilitarizada, conocida como buffer zone, de aproximadamente 160 kilómetros, que separa la República de Chipre de la República Turca del Norte de Chipre. Allí es donde se despliegan los cascos azules para evitar un nuevo enfrentamiento. En lo que respecta a la presencia argentina, desde 1993, participa con efectivos militares en esta misión de paz de la ONU: ellos operan en la Fuerza de Tarea Argentina 67, integrada por hombres y mujeres del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, y cumplen funciones en el Cuartel General de la UNPA, en la unidad aérea UNFLIGHT y en el Sector 1, donde se desempeñan en los distintos puestos de observación a lo largo de la “línea” y en los campos “San Martín” y “Roca”.

Las operaciones de los cascos azules en Chipre

-¿Cuál es el principal desafío operativo de la misión de Chipre?

-Diría que es la gestión para mantener el statu quo en un entorno de creciente fricción política y militar. La misión fue diseñada para supervisar un alto el fuego de manera sostenida a lo largo del tiempo. Sin embargo, existen intentos periódicos de modificar hechos sobre el terreno dentro de la zona de amortiguación (o “buffer zone”), como un incremento de la infraestructura cercana al área, patrullajes de fuerzas de ambos lados e incidentes tácticos localizados que pueden escalar rápidamente. Por eso, el desafío es contener los microincidentes que se van produciendo antes de que se conviertan en crisis estratégicas. Para el componente militar, significa que operamos en un entorno congelado políticamente, pero dinámico tácticamente.

A eso, se suma que uno de los retos más importantes del Estado Mayor de la misión es preservar la libertad de movimiento de la Fuerza de las Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz en Chipre (UNFICYP) en lo que respecta a la zona de amortiguación, ya que garantiza que podamos verificar y desescalar los conflictos que se suscitan. Sin eso, la credibilidad se debilita. El Estado Mayor debe asegurar que todas las intervenciones estén, estrictamente, basadas en el mandato, se mantenga la percepción de imparcialidad y la comunicación estratégica acompañe cada acción en el terreno. Un error de percepción puede generar más tensión que el incidente mismo.

-En la práctica, ¿cómo se traduce la planificación de una misión de paz que lleva décadas activa?

-La UNFICYP es una de las misiones más antiguas de las Naciones Unidas. En la actualidad, el principal desafío del Estado Mayor es prevenir la erosión gradual del statu quo en un contexto de estancamiento político, manteniendo la libertad de movimiento y la credibilidad de imparcialidad, sin escalar tensiones.

Desde mi punto de vista, en la UNFICYP, la planificación estratégica consiste en la estabilidad, anticipar fricciones y sostener la relevancia operacional. En Chipre, el entorno parece estable, pero no lo es. Justamente, el trabajo estratégico se traduce en identificar las distintas tendencias de erosión, detectar cambios en la postura militar de las fuerzas enfrentadas, evaluar variaciones en el discurso político que puedan impactar en el terreno y anticipar fechas relevantes (como aniversarios, ejercicios militares y elecciones). Aquí, planificar no es reaccionar, sino anticiparse a incidentes previsibles.

-¿Cómo sería?

-En una misión activa desde el año 1964, la planificación estratégica significa: mantener la estabilidad sin estancarse, anticipar sin sobrerreaccionar y sostener la legitimidad del mandato sin provocar escalada. No planificamos para ganar la guerra, planificamos para que esta nunca vuelva. Además, en una misión que lleva décadas, el riesgo no es perder una batalla, sino mantener la credibilidad a lo largo del tiempo. Por eso, la planificación estratégica incluye medición constante del desempeño, evaluación de incidentes para trabajar sobre las lecciones aprendidas y preparación de informes sólidos para Nueva York, entre otras acciones.

Los riesgos de guerra en Chipre

-¿Cómo es la coordinación con idiosincrasias militares diferentes?

-Es uno de los núcleos críticos del mando en una misión multinacional. No estamos hablando solo de idiomas distintos, sino también de culturas estratégicas, interpretaciones doctrinales y estilos de liderazgo diferentes que operan bajo un mismo mandato. La doctrina nacional termina donde comienza la autoridad operacional de las Naciones Unidas. El Estado Mayor les da suma importancia a los pre-deployment trainings, en los ejercicios conjuntos o en la simulación de incidentes. La uniformidad en la aplicación del uso de la fuerza es fundamental para mantener la imparcialidad.

El teniente coronel Aguirre recibió al general Héctor Tornero, quien -como autoridad del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas- supervisó las actividades de los cascos azules argentinos en Chipre (Foto: Foto Marcelo Gasparini-EMCO)

Cabe destacar que el idioma operativo es el inglés, pero no todos tienen el mismo nivel, y la comunicación en crisis puede generar malentendidos. A eso se suma que la terminología militar también varía, por eso simplificamos órdenes críticas: en situaciones tensas, estas deben ser inequívocas. Todo ello obliga al Estado Mayor a estandarizar procedimientos, garantizar interoperabilidad y planificar.

-¿Existe el riesgo de una escalada?

-El conflicto en Chipre no está resuelto, está contenido. El riesgo no es una guerra convencional planificada, sino una escalada por incidentes tácticos mal gestionados. Nuestra tarea es tratar de romper esa cadena en el primer eslabón: el incidente local.

-¿Cómo evolucionó el conflicto en los últimos años?

-La “buffer zone” pasó a ser políticamente activa. Se sumó un componente estratégico externo, vinculado a la explotación y exploración de hidrocarburos en el Mediterráneo oriental. Dejó de ser intercomunal, ahora tiene una dimensión geopolítica regional. Además, la confianza entre comunidades se erosionó. En términos militares, cuando baja la confianza política, sube la fricción táctica.

La presencia de la UNFICYP sigue siendo un factor de disuasión. El riesgo real es la crisis mal gestionada. Si tuviera que hacer una evaluación estratégica actual, describiría la situación como militarmente estable, políticamente estancada y estratégicamente frágil. La misión sigue siendo relevante porque su presencia reduce el incentivo de acción unilateral, proporciona mecanismos de comunicación directa y permite una desescalada inmediata.

Cascos azules: entre la negociación táctica, la mediación y la gestión de riesgos políticos

-¿Qué papel tiene la tecnología en la misión que llevan adelante?

-La tecnología en la vigilancia no reemplaza la presencia física, pero sí se convirtió en un multiplicador de capacidades. Cumple tres funciones fundamentales: multiplica la cobertura con recursos limitados, provee evidencia objetiva y mejora la anticipación estratégica. El principio rector continúa siendo el siguiente: la tecnología informa y el liderazgo humano ejecuta la acción.

-¿Cuánto hay de negociación en su trabajo?

-Está presente en prácticamente cada decisión operativa que se toma. En una misión de estas características, cada movimiento puede tener un efecto político. Asimismo, gran parte del trabajo consiste en prevenir la negociación forzada. Si se falla en esto, cualquier incidente menor puede escalar y desencadenar una crisis. Se busca mantener la neutralidad y que todas las partes perciban que la Misión aplica reglas justas y coherentes.

En la UNFICYP, un comandante militar o un jefe de Operaciones es, simultáneamente, un negociador táctico, mediador y gestor de riesgos políticos.

-¿Qué aporta la formación militar argentina a esta misión?

-Tenemos una tradición muy consolidada en misiones de las Naciones Unidas. La formación argentina enfatiza la disciplina en los patrullajes, el control emocional en situaciones de tensión, la resolución gradual de incidentes y el uso proporcional y mínimo de la fuerza. En una misión como la de Chipre, esa templanza es fundamental. Además, el argentino suele destacarse por su adiestramiento, adaptabilidad y flexibilidad, lo que facilita la interoperabilidad.

Como máxima autoridad argentina en el Cuartel General de la UNPA, en Nicosia, el teniente coronel Aguirre repasó el desempeño de los cascos azules de nuestras Fuerzas Armadas bajo el mandato de la ONU (Foto: Marcelo Gasparini-EMCO)

Asimismo, la educación militar argentina mantiene un fuerte componente en lo que respecta al adiestramiento operacional: desarrolla análisis históricos del conflicto e incorpora estudios del derecho internacional humanitario. Además, el argentino tiene un liderazgo basado en el ejemplo personal y con una fuerte cohesión interna. En una misión prolongada, esas características marcan la diferencia. También sumo otra cualidad: la neutralidad y la imparcialidad. En términos estratégicos, la formación militar argentina aporta moderación, profesionalismo, cultura de la paz, capacidad de mando multinacional y credibilidad política neutral. En una misión como la UNFICYP –donde el objetivo no es vencer, sino estabilizar–, esas cualidades son multiplicadoras de la fuerza.

Entrenados para la guerra, desplegados por la paz

-⁠¿Qué habilidades no militares resultan claves para desempeñarse en un Cuartel General de la ONU?

-Las habilidades no militares son tan críticas como las capacidades tácticas, especialmente en una misión prolongada y políticamente sensible como la de Chipre. Son competencias que permiten transformar órdenes en resultados efectivos, sin escalar tensiones. En primer lugar, puedo mencionar la comunicación efectiva: redacción clara de informes y reportes para las Naciones Unidas y el Consejo de Seguridad, capacidad de sintetizar la información técnica y habilidad de transmitir decisiones a contingentes multinacionales. En segundo lugar, negociación y mediación (preventiva y constante, no solo reactiva). También es clave poder comprender las diferencias culturales, religiosas y políticas de todas las partes. En cuarto lugar, destaco el pensamiento crítico y el análisis estratégico, fundamentales para evaluar riesgos. Además, subrayo el trabajo en equipo multinacional (se debe cooperar y fomentar la confianza con otros militares) y la gestión del estrés y la resiliencia, ya que se opera en entornos de alta tensión.

En último lugar, las habilidades administrativas y de planificación. Dominar estas competencias permite que las tropas actúen con disciplina, se prevengan los incidentes y la misión mantenga credibilidad, imparcialidad y relevancia estratégica.

-¿Qué le deja esta experiencia?

-Aprendizajes profundos. Conducir fuerzas de diferentes países y culturas fortaleció mi capacidad de liderar con autoridad y diplomacia. Aprendí a equilibrar disciplina militar con sensibilidad política. Asimismo, sumé la necesidad de anticipar tendencias, mantener estabilidad, prevenir escaladas, desarrollar habilidades de análisis político militar y la planificación a largo plazo. También me permitió forzar la capacidad de coordinar con múltiples actores civiles, policiales, militares y diplomáticos. Esta experiencia es valiosa para transmitir lecciones y mejorar la formación de futuras generaciones.

El comandante de Operaciones Conjuntas del EMCO, general de brigada Héctor Tornero, supervisó -en el terreno- el trabajo y la manera en que las Fuerzas Armadas argentinas proyectan al país en el escenario internacional. Aguirre fue el responsable de transmitirle los detalles de las tareas que llevan adelante (Foto: Marcelo Gasparini-EMCO)

La UNFICYP me deja, profesionalmente, madurez en el liderazgo, capacidad de análisis estratégico, gestión de crisis y dominio de operaciones de paz; eso me permitió comprender la doctrina de las Naciones Unidas. Y, en lo personal, resiliencia, paciencia, empatía intercultural y la satisfacción de contribuir a la estabilidad internacional. Venimos a mantener la paz. Eso requiere adiestramiento, disciplina y convicción. La misión enseña humildad, responsabilidad y sentido de propósito.

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