La familia de Francisco León regenta desde hace tres generaciones una administración de loterías en la céntrica calle Gil y Carrasco de la ciudad llamada igual que su apellido. En su adolescencia, este inmunólogo que emigró a Estados Unidos tras acabar la carrera echaba ocasionalmente una mano en el negocio despachando quinielas. No recuerda si alguna vez repartió algún premio importante, pero en su mente sí sigue grabado a fuego el día en el que hizo la apuesta de su vida.
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