Allá por 2006 Xbox presento al mundo la que acabaría por convertirse en una de las franquicias más exitosas y reconocibles de la marca: Gears of War. Se trataba de un brutal juego de acción que daría pie a una saga conceptualmente deudora tanto del imaginario de Warhammer 40.000 como de Starship Troopers, que consiguió desarrollar una arrolladora personalidad propia y que sentó las bases de una mecánica que luego copiarían, con mayor o menor fortuna, decenas si no cientos de juegos: los disparos con cobertura desde diversos elementos del escenario tras los cuales nos parapetamos. ¿El punto de partida? La guerra que en planeta Sera libra la humanidad contra los terribles locust, unos seres de aspecto reptiloide y gatillo fácil que, desde las profundidades del mundo, han declarado la guerra a la humanidad.
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