El comercio exterior argentino atraviesa un cambio de esquema: los controles que antes hacía aduana pasaron a dependencias interiores, y eso aceleró los tiempos de despacho. Pero como dice Hilda, “empezás a trabajar un lunes y los tiempos se van por completo”. Los cuellos de botella se desplazaron, no desaparecieron, y en el segmento de productos médicos la cadena regulatoria agrega otra capa de complejidad.
¿Cómo está el comercio exterior argentino en este momento?
Muy influido por la política del gobierno, como siempre. Una de las novedades más importantes es que los controles que antes realizaba aduana sobre las características de seguridad de los productos —seguridad eléctrica, sistema métrico— pasaron a ser responsabilidad de dependencias interiores como la Secretaría de Industria y Comercio.
El impacto es concreto: el trámite es mucho más rápido. Antes había que obtener anticipadamente la autorización de importación. Ahora el despachante saca la mercadería y los controles se hacen de manera posterior. Es una etapa que está mucho más liviana que antes.
¿Por qué es clave el rol del despachante de aduana en este contexto?
Las regulaciones en Argentina son muchas, y hay que saber sobre eso y cumplir con todos los requerimientos antes de que la mercadería ingrese al país para que pueda ser comercializada en condiciones de seguridad para los compradores y en condiciones económicas rentables para los importadores.
Todo ese trabajo quizás no se ve: es el estudio previo de la mercadería, el análisis de qué trámites hay que hacer, en qué condiciones se puede importar y la evaluación de costos previa. Esa devolución al cliente con información completa es lo que evita que surjan problemas a último momento.
¿Cuáles son los principales desafíos operativos hoy?
Uno de los más importantes es poder agilizar la salida de la mercadería en contenedores en puerto. Los costos en Buenos Aires son muy altos y los plazos para retirar la mercadería tienen vencimientos muy cortos: habitualmente dentro de los cinco días de entrada del buque hay que sacar la mercadería para que no se dupliquen los costos de almacenaje y servicios de las terminales portuarias.

Cuando eso no sucede, los importes suben mucho y perjudican al comercio exterior. Y las terminales tienen una forma de trabajo muy particular: el cierre de entrada de buque se da a veces un sábado a las ocho de la noche. Operar en esos tiempos es imposible. Empezás a trabajar un lunes y los tiempos se van por completo: hay que hacer el despacho de aduana, coordinar con el transportista, todo suma. Y al final quien lo paga es el importador.
¿Qué implica importar productos médicos desde el punto de vista regulatorio?
Está regulado por el Ministerio de Salud a través del ANMAT. La obligación es registrar el producto ante esa dependencia antes de cualquier importación. Ese registro exige presentar documentación de que el producto fue aprobado en el país de origen por la autoridad regulatoria correspondiente. Eso es lo primero que hay que cumplir.
Y aun teniendo toda esa documentación, hay trámites previos: la habilitación de la empresa importadora, la habilitación de los depósitos, y recién ahí se puede importar. Entonces hay una distancia importante entre que surge la necesidad y que el producto empieza a comercializarse en Argentina.
¿De dónde viene el abastecimiento? ¿Hubo interrupciones recientes?
Los principales proveedores de productos médicos son Alemania, Estados Unidos y China. En este momento no hay interrupciones en la cadena de suministros. El problema serio fue en 2020, durante la pandemia, sobre todo con los productos de protección: barbijos, reactivos, insumos para proteger al personal de salud. En equipos médicos de mayor envergadura el inconveniente fue menor, pero en ese tipo de insumos sí hubo desabastecimiento real. Hoy eso está normalizado.
¿Qué perspectivas tenés para este 2026?
La importación más importante que tengo en vista ahora es un equipo que combina tomografía computada y medicina nuclear. Se usa para pacientes con probabilidades de tener cáncer: mediante medicina nuclear inyectan un producto radiodetectable que se almacena específicamente en el lugar del tumor, lo detectan con el equipo de gamma terapia y después, con el tomógrafo, hacen un mapa exacto de dónde está el tumor.
Eso permite que cuando se apliquen rayos para destruirlo, se haga de manera precisa y sin dañar los tejidos cercanos. Cada importación así obliga a conocer el producto a fondo. Para dar un buen asesoramiento hay que entender la tecnología, y eso es lo que más me gusta de este trabajo.




