La “calle del deporte” del centro de la Ciudad de México se despliega como una meca de los clones futboleros. Las varias cuadras de tiendas con jerseys, balones y llaveros con logos de dudosa procedencia ilustran un nuevo campo de batalla económica: el Gobierno de México contra la piratería. “Las ventas han estado un poco estancadas, justamente por el miedo a los operativos. Pero nada más esperamos el primer partido para que nos pegue la euforia del Mundial”, dijo un comerciante que resguardó su nombre. Minutos antes había vendido una copia de la camiseta de la selección mexicana a unos 200 pesos, un tercio de lo que cuesta la original.
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