La vida de Michel Mayor pudo acabar con una de las peores muertes imaginables. En 1968, este suizo aficionado a la escalada se cayó por la grieta de un glaciar en los Alpes. Una posibilidad era que quedase encajado entre dos asfixiantes paredes de hielo que se lo hubiesen ido tragando poco a poco, con cada grito de auxilio, con cada movimiento para intentar salir. Al final tuvo suerte y le sacaron sus compañeros, ensangrentado, pero vivo.
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