Lamine Yamal solo necesitó un momento, una jugada única y muy suya, ya muy vista en el goleador de 18 años, para resolver un partido que no parecía tener fin por largo y pesaroso en San Mamés. El extremo se administra en la cancha para suerte del Barça mientras el entrenador rota y reparte los esfuerzos de los demás futbolistas por las exigencias de un calendario que para el martes depara una cita de alto voltaje en Newcastle. El gol de Lamine fue una bendición por el juego de errores cometidos por dos equipos penalizados por la resaca de la Copa. A los azulgranas les costó Dios y ayuda certificar su habitual triunfo sobre los rojiblancos desde la llegada de Flick. El marcador de goles es elocuente: 17 a 1 con el tanto de Lamine, máximo artillero barcelonista con 19.
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