Pocas cosas dan un mejor guion que el deporte. Y pocos deportes dejan historias como el béisbol. La selección venezolana rompió todas las quinielas en un partido de infarto y derrotó en la final del Clásico Mundial a Estados Unidos, un equipo que amasó para este torneo lo más similar que se ha visto en el deporte norteamericano al Dream Team de Barcelona 1992. Pero esa constelación de superdotados no hizo temblar a la novena latinoamericana, que logró una épica remontada en la última entrada para lograr la victoria 3-2. Venezuela cierra así, con el corazón en la mano, un campeonato de ensueño. Y con el valor simbólico de derrotar a los dos gigantes del diamante: al japonés Shohei Ohtani (en cuartos) y al norteamericano Aaron Judge.
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