John Doe logró salir a salvo de su escondite en México pero, apenas pisó territorio estadounidense, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) volvió a detenerlo, en un nuevo intento por deportarlo. Es el último capítulo del periplo de un mexicano que colaboró con el Gobierno de Estados Unidos como testigo en casos de narcotráfico y cuya vida quedó en riesgo después de que fuera deportado tres veces, la última, el 1 de agosto, a una zona de alta actividad de contrabando de drogas. Quedó a la deriva porque nunca se volvió un testigo protegido ni recibió, a cambio de la información que otorgó, un estatus migratorio que le permitiera vivir legalmente en este país.
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