La música habla todos los idiomas, cruza fronteras y enseña valores y lecciones a quien, sin importar su origen, se deleite con el infinito juego de posibilidades que ofrece la combinación de siete notas. Por eso, Leila Weber y Andreas Knapp fundaron en 2016 Hangarmusik con el convencimiento de que la música sería el vehículo perfecto para integrar a refugiados y personas migrantes. Durante el 42º Festival Internacional de Música de Canarias (FIMC), esta ONG alemana ha llevado a cabo en el archipiélago un proyecto con más de una treintena de participantes en el que los menores de origen extranjero han tenido la oportunidad de aprender a tocar instrumentos de cero e incluso han podido disfrutar de una jornada de ensayos con una de las mejores orquestas del mundo, la Sinfónica de la Radio de Baviera, dirigida por la batuta del estonio-estadounidense Paavo Järvi. Fue, tras asistir a esa práctica en el Auditorio de Tenerife, cuando un grupo de integrantes de la formación sinfónica germana interpretó junto a los jóvenes la Primera Sinfonía de Mahler: la consumación del gran reto de este proyecto.
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