La teoría de la elección pública, esa rama que Buchanan y Tullock ayudaron a fundar, parte de una intuición simple: cuando un actor político se vuelve indispensable para que otro alcance sus objetivos, cobra una renta por ese lugar. No necesariamente en dinero: también en agenda, protagonismo y capacidad de imponer sus propios temas a cambio del voto que el Gobierno necesita.
Seguir leyendo



